miércoles, 20 de agosto de 2014

el lector sueña y completa los ejercicios de terror: completen ustedes esta reseña



acabo de terminar de leer el libro ejercicios de encuadre del escritor y cineasta chileno carlos araya díaz (calama, 1984), libro publicado por editorial cuneta, libro que ganó el premio municipal de literatura o juegos florales (no recuerdo el detalle), libro que conocí en sus distintos procesos de escritura, ya que carlos es de esos autores que muestran sus ejercicios, su forma de ir encuadrando y encuadernando la realidad hasta darle forma definitiva, hasta madurar algo, y no tiene ese temor mágico o prehistórico de que se le escapen las ideas o los encuadres o las fotos que va tomando en el camino o en los pasos de esa construcción, miedo que tengo yo a ratos, aunque también lo he ido perdiendo en pro de una construcción semi-colectiva del discurso que me armo y me sostiene.
el libro lo leí en distintas versiones antes de ser papel, digo en manuscritos o papelitos, words, servilletas, mensajes de texto, o incluso a veces soñé con esta novela en tardes en que me sentía decepcionada de los que no ejercen la capacidad de la memoria consciente (digamos cualquier tipo de representación por medio de cualquier tipo de sentido: voz, palabra, vista, visual, oído, música, sensorial, plástico).
soñé con este libro porque es un ejercicio colectivo de memoria. este libro es un puzzle que lo arma el lector, que lo sueña el lector, que lo reconstruye el lector, a la vez que el narrador va tirando pistas de su infancia desde una voz omnisciente terrible y fragmentada, en la que además aparecen otras voces y varios registros para narrar todo lo tétrico de un violador y el ataque a su potencial víctima.
de todas formas no es un libro policial, pero sí esa frontera de lo policial-literario, en tanto ironía inconsciente al género o libro bolañesco en su sentido de lo policial, de esas búsquedas, encuentros, de esos policiales fragmentados y tan ultra perecquianos.
ejercicios de encuadre es una cámara, un ojo que persigue a marcia por la ciudad de santiago, desde los juegos diana al centro, desde las galerías a fantasilandia. marcia, una chica de 20 años que mide 1,65, es delgada, pelo café y que usa jeans tipo pescador de color azul y trabaja en una lavandería.
ejercicios de encuadre está armado con fragmentos que mezclan una voz omnisciente, la voz de marcia y una especie de diario de vida en que ella relata momentos del suceso. aparece también el relato del padre alcohólico que quemaba los colchones del niño después de llegar borracho al norte. o por lo menos el relato del relato de ese suceso. de ese padre enloquecido. es entonces y a la vez, un libro sobre la infancia y cómo es que se construye un sujeto a partir de ella. a partir de sus traumas tempranos.
este libro es un puzzle de terror, un puzzle psicológico. es un puzzle redondo y un personaje bien diseñado por el autor. aparece toda la violencia del sujeto que maltrata por medio de lo que va encuadrando el ojo del narrador. cómo mueve la cámara que es su propio ojo. en ese sentido se nota la formación del autor (cineasta). y lo digo para bien, en tanto detrás de toda escritura hay una formación otra que sostiene el relato o la forma de llevarlo a cabo. nada es tan inocente.
ejercicios de encuadre está lleno de una violencia, una hostilidad. desde ahí mira ese guardia de seguridad de una galería de santiago a esa mujer que trabaja en una lavandería en el mismo rincón del centro.
en este libro también hay fluidos que acompañan las escenas y lo hacen más tétrico: hay fluidos en el colchón quemado, hay sangre, hay semen después de la violación, también en ese colchón olvidado en una suerte de potrero. 
ejercicios de encuadre es un libro muy chileno. las marcas de las calles, de las regiones, los buses, las micros, las galerías. 
hay también una conexión semántica y media freudiana entre los sucesos que arman la personalidad perversa de este personaje. como si un objeto y otro fuesen el mismo objeto o mejor dicho: la memoria. así en este texto hay una temporalidad redonda. una subjetividad armada a partir de esa temporalidad que se cierra en sí misma y sus hechos. y sólo en ese sentido veo a este libro como tradicional. en tanto esa teoría de lo sucedido entre realidad y subjetividad del personaje ya es conocida. 
pero lo demás, ese encuadre sobre todo, es algo nuevo para nosotros como lectores. es decir, la estructura o armazón del texto es justa para el personaje construido.
el ojo, la mirada, bataille, foucault, mirar y ser mirado.
está además la intensidad del texto. avanza como si el personaje fuese a violarla nuevamente, con una velocidad desquiciada. para eso el autor ha elegido el fragmento como forma de escritura, la repetición, el copy paste de sí mismo o de la escritura que va dejando como huella. 
por último, ejercicios de encuadre tiene momentos álgidos. momentos que suben y suben al lector en grados de adrenalina. sobre todo cuando la chica está bailando en los juegos diana, cuando se suben a la misma micro, cuando la sigue en variadas ocasiones. incluso llegamos a pensar que el personaje va a aparecer a nuestras espaldas de un momento a otro. de ahí lo hiper tétrico. 
ahora bien, y para ultra-rematar esta micro-lectura de ejercicios de encuadre, creo que el autor le tuvo miedo a su propio relato, veremos en el texto cómo es que el personaje vive una última escena del amoniaco y se redime. el autor tal vez tuvo miedo de llevar todo al terreno de los más grandes fantasmas. por mi parte, habría dejado de lado esa escena. pero entiendo ese miedo a las palabras. aunque eso es entrar ya en el terreno de otro subjetivo. en el terreno de otras éticas y otras morales de la escritura, o incluso, en el terreno de lo que nos puede suceder si es que escribimos.
  

1 comentario:

Anónimo dijo...

TU ENCUADRE ES TIPO GOOGLE EARTH...ESTA BIEN CLAU ¡¡¡¡¡