sábado, 7 de enero de 2012

nada de lo que escribo me ha sucedido y todo lo que escribo me ha sucedido


Las niñas NM tenían una piscina de piedra enorme con agua de vertiente.
Tenían un camping abierto a todo público.
Cobraban entrada por persona.
Tenían una cancha de tenis.
Llegaban muchos amigos en automóviles enormes.
Ibas a jugar tenis allí.
Nosotras nos bañábamos en la piscina.
A veces te recogíamos las pelotas de tenis.
Además sacábamos ranas y pirigüines de las acequias.
Después de bañarnos en la piscina tomábamos el té.
Nos acompañaba la abuela de las niñas NM.
La madre había ido a su análisis.
Nos hacían sandwichs con pan y queso.
La abuela nos corregía al comer.
Después de tomar el té nos íbamos al río.
Caminábamos por la orilla.
Buscábamos pirigüines.
Siempre veíamos a un vagabundo.
Huíamos si veíamos al vagabundo.
Veíamos también el tren pasar hacia Rancagua.
Les hacíamos chao a los pasajeros.
Por las tardes nos pasaban a buscar.
Llorábamos cuando llegábamos a casa.
Los domingos íbamos a casa de mis abuelos en el campo.
Mis abuelos vivían en Las Mercedes.
Los hombres salían a cazar pájaros.
Por las tardes cuando regresaban les quitábamos las plumas.
B era la nana de la casa.
Ella le sacaba el postón que les quedaba en el cuello.
Los ponía en una cacerola con agua y verduras.
Echaba las plumas a un horno de barro.
Hacía pan amasado en ese horno de barro.
Mientras se cocía el pan y los pájaros, lavaba la ropa en una artesa.
El cielo se veía azul en La Mercedes.
Por las tardes íbamos al campo con mi abuelo.
Sacábamos duraznos y damascos.
Cazábamos lagartijas con un lazo de maleza.
Visitábamos a los trabajadores de mi abuelo.
Entrábamos a sus casas.
Sus casas nos daban miedo.
Nos cobijábamos detrás de mi abuelo.
Sus casas eran oscuras.
Nos ofrecían jugo de durazno.
A veces nos servían una cazuela.
No comíamos de esa cazuela.
Mi abuelo se enfadaba.
Nos decía: ¡Coman!
Uno de ellos tenía un hijo enfermo.
El hijo enfermo no hablaba ni se movía.
Salíamos corriendo de esas casas.
Mi abuelo se quedaba en ellas.
Nos subíamos a los tractores.
Jugábamos a ser los trabajadores del campo.
Meábamos en las letrinas.
Se veía la caca colgando.
El pis caía en el río.
Una vez vimos un caballo en el canal.
Se lo llevó el agua y su corriente.
Mi abuelo decía que no miráramos.
Nos enseñaba a manejar en los caminos.
Nos enseñaba el nombre de los pájaros.
Nos enseñaba el nombre de los árboles.
Íbamos con gorros de paja.
Nos protegíamos del sol.
Sacábamos la maleza del campo.
Nos picaban las ortigas.
Nos poníamos una pomada en la herida.
Antes de regresar rezábamos un rosario en el camino.

7 comentarios:

RE, El posteador. dijo...

Buen cotidiano.

Anónimo dijo...

Lindos recuerdos, tu cuento es muy parecido a muchos de otros niños que viven en el campo...... cuando los patrones junto a sus hijos y nietos, visitan a sus inquilinos.......

claudia apablaza dijo...

bueno, uno visita a quien quiera. y uno nace donde no elige... a ver si tu comentario va por ahí. o tu elegiste donde nacer?

Anónimo dijo...

Estas equivocada mi comentario no va por ningun lado solo es un comentario tomalo como quieras.....obvio nadie elige nacer donde, ni menos donde, si se pudiera elegir serìa fantastico .....

claudia apablaza dijo...

genial, sólo preguntaba por donde iba. soy muy fijada en las redacciones, y los puntos suspensivos me dejaron con la pregunta.
gracias por leer el blog y si el viernes tenemos una actividad en estado 90, por si te quieres acercar.

Anónimo dijo...

Gracias me encanta la idea, me gusta leer tu blog, no soy experta en redacciòn, quiero que sepas que he leido tus libros, solo me falta el ùltimo.

RE, El posteador. dijo...

El último es el mejor. Valiente y asesino de risa y de registro de su tiempo. Yo lo releo por tercera vez.