jueves, 8 de diciembre de 2011

y los manifiestos según jordi corominas i julián



ya está circulando el libro de los manifiestos vanguardistas, publicado en barataria hace unas semanas, prologado por jordi corominas y seleccionado por moi.
qué gusto fue trabajar con jordi. meses, semanas antes de venir al sur.
pero ya circula. más de veinte manifiestos.

dejo algunos de los párrafos del prólogo (y bueno, desde acá, aún no he podido ver el libro):


Sinfonía del Nuevo Mundo
Al principio fue Charles Baudelaire quien observó y dictaminó. La culpa fue de París, que si bien no se acaba nunca siempre se refunda, o eso creían los hombres del siglo XIX al ver la apabullante transformación comandada por Haussman y sus reformas urbanísticas. La faz de la ciudad de la luz dio paso a la modernidad, intuida por el poeta de Las flores del mal mucho antes de dejar caer el laurel en el barro de los Campos Elíseos. ¿Qué hacían los hombres de los lienzos  del Salón vestidos con trajes de todas las épocas? Había bizantinos, ostrogodos, cruzados, renacentistas, barrocos y hasta algún rococó, pero ningún contemporáneo. La actualidad no se tocaba, el romanticismo aullaba sus últimos estertores y la intuición de una nueva era se abría paso entre el anonimato de las calles y una velocidad que empequeñecía lo vivido y convertía las jornadas en suspiros ajenos a la antigua calma de eterna solemnidad, sosiego y orden estable.
De repente el Viejo Mundo se despertó nuevo. Las poesías hablaban del presente y los pintores se atrevían con provocaciones que iban más allá de la manida escena histórica. Gustave Courbet osó retratar una escena de provincia en un cuadro de grandes dimensiones. El enterramiento de Ornans mostraba los caminos de una épica pionera que desde la normalidad traspasó fronteras antes vetadas para dar rienda suelta a una libertad creativa sin precedentes en la Historia de Occidente. El ritmo formal y estético se zambulló en su tiempo y la revolución avanzó de la mano de la instantaneidad. Rimbaud renunció a la rima, Ducasse agitó pesadillas y la fotografía propició, con una ayuda nada despreciable de Delacroix, una oda a la fugacidad que el Impresionismo capitaneó hasta que a finales de siglo pareció que Europa dominaba el universo y una edad de oro se instalaba en las mentes aburguesadas. La Belle époque nació tras la catarsis frustrada de la comuna de París. 


sigue en el libro....

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