lunes, 13 de junio de 2011

tienes que dar un paseo solitario


entre las razones por las que puedes sacar un libro de la biblioteca o comprarlo en la librería debería estar siempre el editor del mismo, o la casa editorial que respalda el libro. lamentablemente no es así siempre, ya que editoriales con una línea clara quedan pocas, los editores se pierden en espacios ajenos, modas, clichés y mercados. incluso en sus propios deseos inconscientes mal trabajados y lanzados ahí como libros o artefactos de su cercana autoría.

pero... bueno... sí que hay algunas por las que me guío.

por ejemplo, es poco probable que si agarro un libro de mansalva (argentina), cuyo editor es francisco garamona, me equivoque. es muy poco probable. en fin, por ahora pocos ejemplos los veo tan claros como el de mansalva.


joder! no deberíamos mejor vivir todos en argentina y leer los libros que publiquen mansalva, bajo la luna, caja negra, entropía, la cebra, etc.

¡no! ¿qué haríamos todos los lectores metidos en la internacional argentina?

con periférica me pasa parecido. y lo constato en este libro y en otros que he leído de la editorial como mi abuelo de valerie mrejen, fogwill, pedro g. romero, etc.

me sucedió lo mismo con un paseo solitario del autor inglés gul Y davis. lo saqué de la bonnemaison, junto con otros diez que no viene al caso comentar.
comencé el libro, qué raro, qué raro, me decía, esto es horrible. cómo es que periférica publicó esto. frases cortísimas, una velocidad que ni siquiera dar con la voz del narrador, se le escapa, bobadas, luego dolor, ternura, seguir leyendo. no abandonar el libro. darle más páginas de lectura, esperar. y... dolor, un dolor maravilloso, un esquizofrénico, un joven internado en clínicas, recuerdos a punta de invenciones, desestructuración del yo, psicosis, personas que acompañan su viaje como fantasmas, palabra pura sin ese otro real que acompaña el suceso.

cosas y palabras sin conexión
ideas sin representantes
síntomas sin consciencia
falta de sí
(tengo que seguir leyendo)

llegué al final, encadenando cada imagen con el tiempo en que trabajé para el hospital psiquiátrico en chile, después de acabar la carrera de psicología.
no había podido recordar esos momentos con la fuerza que acompaño estos días. era tener ese discurso en la cara. esa forma de vivir el lenguaje por personas que han resultado altamente dañadas... o quién sabe por qué: biología, genética, vida, cultura, etc. ¡qué vamos a saber!

wil es el personaje de este libro. un joven un adolescente que transmite, por la precisa mano del autor de este libro, esa enajenación del lenguaje esquizofrénico de forma tan lúcida que te quedas un poco más que impactada. no es sólo la transmisión directa, precisa, es también la recreación del mundo de aquello. la desestructuración no sólo de su lenguaje, sino que también de los elementos que no logra articular en su cabeza como un todo coherente para el que lo lee o lo escucha, y seguro, que dentro de esa incoherencia tampoco, tampoco encontraríamos algo que nos guíe a entenderla, sólo encadenamientos infinitos de la palabra a otra palabra y así, sin dar con la cosa aquella. ¿por qué no está esa ligazón?... ¿será porque no existe? ¿porque jamás existió el encadenamiento entre suceso y palabra?
no lo sé... es también una de las causas por las que abandoné el ejercicio de la psicología.

bueno, demás está decir que acá obviamente que está esa ligazón, digamos, en el ejercicio del autor para lograr construir su personaje, para llegar a ser wil... ahora, en la voz del personaje, es sólo palabra, discurso, desencadenamiento.

capas:
autor
narrador
personaje

ay!
quiero otro libro así.

m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-o




2 comentarios:

Anónimo dijo...

buen libro-!!!!!
marc

claudia apablaza dijo...

hola marc, sí que lo es. marc caellas?