viernes, 2 de abril de 2010

méxico en un sueño hacia el sur de chile




hay una red cerca de casa que he intentado agarrar y colgarme y usarla mientras consigo tener una estable y propia. la red se llama carrasco. carrasco no me deja agarrarme de ella. luego me duermo y sueño con méxico. de méxico nos iríamos de viaje al sur de chile, luego a francia. agarraríamos la bolsa de viaje y partiríamos directo, sin que nadie estorbara.

luego el hostal. en el hostal también estaba carrasco, y carrasco se confundía con tu rostro. era tu rostro y el de carrasco. luego el posible viaje al sur de chile insistía.


d. también estaba y me decía, cuídate mujer. yo le decía, d. no puedo cuidarme ahora.
d. desaparecía entre seis habitaciones contiguas.


de la última creo que salías tú, sin mayores dificultades, hasta borrar el rostro y la red de carrasco.
luego emprendíamos viaje hacia el sur de todo.


10 comentarios:

Daniel Jándula dijo...

"No puedo despertar ahora,
ni contemplar ni alejar
esto que nunca termina"
(Leah Goldberg)

claudia apablaza dijo...

La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielorraso hubiera amenazado
una vaga llovizna sangrienta. (E.L.)

Daniel Jándula dijo...

"Que se levante entonces como una bestia el día
que aquí toda una llama que aquí nada ceniza."
(N.P.)

claudia apablaza dijo...

Pero no nos atrevimos
a levantarnos de nuestro sitio, porque estábamos agazapados
en lo más alto de una escalera sin escalones. (Y.R.)

Daniel Jándula dijo...

Hoy procura dormir
y te prometo que yo
hasta allí llegaré
con los primeros
rayos del sol y no te despertaré,
querré contemplar
tu sueño profundo
y así comprobar
que por una vez
está en calma el mundo.
(N. V.)

claudia apablaza dijo...

De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.

Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.

El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.

En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.

En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.

Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulación de mi sangre y de los planetas.

(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pájaro)

Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execración,
no se quieren ir del recuerdo.
Lotes anegadizos, ranchos en montón como perros, charcos de
plata fétida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmóviles.

Alambre, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.

Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningún
muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y de barro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estén dormidos o
muertos
-aunque se oculten en la corrupción y en los siglos-
y condenarlos a vigilia espantosa.

Toscas nubes color borra de vino infamarán el cielo;
amanecerá en mis párpados apretados.

Adrogué, 1936

(JLB)

Daniel Jándula dijo...

Pides un poema
Y te ofrezco una brizna de hierba.
Dices que no es bastante.
Tú pides un poema.

Yo digo que esta brizna de hierba lo será.
Se ha vestido de escarcha,
Es más inmediata
Que cualquier imagen que se me ocurra.

Dices que no es un poema,
que es una brizna de hierba y la hierba
no es lo suficientemente buena.
Te ofrezco una brizna de hierba.

Estas indignada.
Dices que es demasiado fácil ofrecer hierba.
Es absurdo.
Cualquiera puede ofrecer una brizna de hierba.

Tu pides un poema.
Y así, yo te escribo una tragedia
Sobre como una brizna de hierba
Se vuelve más y más difícil de ofrecer,

Y sobre como a medida que envejezcas
Una brizna de hierba
Se vuelve más difícil de aceptar.

Liverpool, 196?
(B.P.)

claudia apablaza dijo...

oye, entre paréntesis,ya que me apronto a hacer una entrada a mi blog... ¿eres de málaga? ¿conoces antequera?

Daniel Jándula dijo...

Pues sí, soy boquerón... hubo un tiempo en que iba a Antequera cada año para unos campamentos de verano... viva el mollete antequerano con aceite...

claudia apablaza dijo...

lo probaré cuando vaya