sábado, 18 de abril de 2009

infantilismo


de extracto de una conversación infantil de esta tarde con dos compañeros de la editorial.
¿cuáles son tus libros favoritos?








los míos:
1. museo de la novela de la eterna, de macedonio fernández
2. las cosas, de georges perec
3. mientras agonizo, de faulkner
4. las olas, de virginia woolf












5 comentarios:

Rodrigo Cajas D. dijo...

Y estaban tomando algo con alto grado alcohólico?



Pregunto. Sanamente. Como ser humano que soy.



Rodrigo.

Rodrigo Cajas D. dijo...

Perdón. Cambiaré el tono, para que no se preste a...lo que sea.



Puedes explicarnos por qué el favoritismo? Me gustaría saberlo.




Rodrigo.

claudia apablaza dijo...

estábamos tomando jugo de pera.
y
hacia qué lugar tan sagrado de ti mismo apunta la segunda pregunta? quieres hacer una lectura biográfica o sociológica de este asunto infantil?

Anónimo dijo...

El otro día, alejando mi centro de perspectiva del rostro de Paula Ilabaca, quien podía o no estar sentada sobre la estantería del segundo o tercer piso de la Biblioteca de Santiago (probablemente no, aunque lo de la biblio es seguro), me puse a buscar un libro entre un montón de otros libros en una mesa perfectamente arreglada para sostener libros, esos exitosos para el cánon, esos que perduran para las bibliotecas de santiago y de otras partes, y al azar quise que mi mano llegara - y lo consiguió - hasta Mientras agonizo, de Faulkner.

El gesto no fue premeditado, y puede explicarse de varias formas. Puede que yo haya querido impresionar a Paula, o más que impresionarle, indicarle algo justo a ella con mi gesto. Puede, también, que yo haya querido recordar de donde simpatizaba tanto con Mientras agonizo (no en tanto tú me lo indicaste primero, que eso sí lo sabía, si no en tanto cuál de todos los libros de Faulkner que me has indicado era). Era, la instancia, un espacio de pose, ciertamente; de posar que la relación mística y sagrada que se tiene con ciertos libros puede transmitirse en tan pocos segundos, y con tan pocas cosas seguras.

Una última mirada al hecho señalaría que yo también agonizaba, de algún modo, mientras todo lo que allí sucedía (el aparataje de cámaras, personas y gestos accediendo a la azotea de la Biblioteca de Santiago para filmar, fumar y dar por cerrada la tarde), sucedía.

El colmo de la pose. Yo no agonizaba.

claudia apablaza dijo...

maori, no seas posero, por favor.