domingo, 19 de abril de 2009

comenzar a recorrer el cerro

ayer sábado 18 de abril comencé a escribir un nuevo texto, y lo imagino extenso, no como diario... ni autoformato ni eme/a. éste último lo terminé hace un mes y lo he entregado a amigos, ultra lectores todos, y al parecer habría que sacarle sólo una especie de ladrillazo que interfiere la lectura en un espacio específico del texto y que debo volver a repensar antes de quitarlo forever.

hablábamos el otro día con m, en un rinconcito de plaza italia, que al parecer estaba armado para que bebiéramos cerveza y conversáramos de todo esto, y decíamos que cada texto está siempre relacionado con un otro sujeto que hemos amado terriblemente, y que al escribirlo vamos mirando a ese otro con la ternura a la que siempre aspiramos, o una suerte de bondad que quisiéramos encontrar en cada gesto de ese otro una vez que está lejos o que lo vemos por casualidad en la ciudad por la que caminamos.

nos pusimos a divagar en ese rinconcito de plaza italia de todos esos otros, digamos, él con su vitao, yo como una tejedora autoficcionada de este espacio que ahora mismo tecleo y tecleo.

autoformato es mi padre obviamente, le dije y esa capacidad de mirar con ironía cada imagen de su vida. diario de las especies es mi madre, y la infancia que se supone existió en un sitio no tan lejano de la sexta región. eme/a es mao, y las caminatas, y las traiciones de las amistades que se suponía eran pactos ya sellados desde hace años. pero no importa, dijo, así se mueve el tablero y descubrimos quiénes son realmente nuestros amigos.

antes de dejar nuestro rinconcito, m me dijo que me aventurara en la novela de cosmovisión, que esa era mi deuda ahora. más que mi deuda, el espacio que hace rato venía repitiendo en bares de ñuñoa o en plaza italia, sin escribirlo.

después él desapareció por la estación del metro y yo me puse a recorrer el cerro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿El cerro a esas horas? Loba negra!, qué gran imagen.

Para el registro, yo nunca en mi vida he zanjado la cuestión de la amistad real. No sólo por los aludidos (de quienes tampoco he definido traición alguna), sino por todas las tantas amistades indeterminadas, perecederas, que uno carga y que uno va celebrando a medida que la vida también se vuelve eso, indeterminada, perecedera, limitada. Sépase.

Sépase también que el texto me fascina, y que intuyo una cierta genialidad en la inclusión de todos estos fragmentos en el libro de cosmovisión que decíamos esa vez. Me intriga el resultado, me intriga el nuevo libro.

claudia apablaza dijo...

trato de dividir, o en su defecto de unir, los apuntes y los materiales. pero no para convertirme en una (mala ¿?) lectura de benjamin. o una benjaminiana intervenida.
lo de los amigos era algo personal.
gracias por recordarme lo perecedero, lo indeterminado. además tu vitao.