jueves, 8 de enero de 2009

terminar: méxico, artaud


no está muy claro a qué fue antonin artaud a méxico en 1936, y creo que a pesar de haber terminado la lectura de mensajes revolucionarios: textos sobre méxico, tan bien editados por letras vivas, en el sello los poetas de la banda eriaza (y en españa por editorial fundamentos), es difícil saber a qué fue antonin artaud a ese país. hay huellas de su viaje en algunos lugares del df, como en el bar de la plaza garibaldi, donde bebí el mejor tequila bandera junto a la bella columba y el amable jorge que me regaló la única máscara de luchadora que he tenido en mi vida (después de niña).


pero más allá de la excusa del viaje, del traslado, apelando a la tensión real de los espacios orgánicos (de órganos) y por tanto de las formas externas como consecuencia, no es necesario seguir cuestionando la necesidad urgente de trasladarse, mirar desde puntos indeterminados, desconocidos, piezas vacías, nuevas, deterioradas, menos esas lecturas precarias y juicios que se vienen haciendo en cuanto a la necesidad (de algunos) y decisión (y dificultad a la vez) de ir dejando ciudades, departamentos, especies de recuerdos en habitaciones, en buhardillas, en ir incorporando otras, usándolas para escribir, leer desde perspectivas o ángulos que sólo entrega la distancia, y más que la distancia, la tensión y libertad de no tener esos márgenes espaciales tan delimitados, de saber que se pueden mover no sólo en lo interno (como los budistas zen), sino que en movimientos, ejercicios de traslado real, habitar un espacio que se sabe que se va a dejar en un par de días o en horas, espacios o amantes, ciudades o climas, rincones, músicas y máscaras, hacer luego las todas las lecturas y/o escrituras que se quieran, torcidas, diagonales, directas; aceptar o celebrar que en esos nuevos espacios se pudo escribir el texto que se estaba tramando desde la infancia y que de repente encuentra lugar en la detención momentánea.
estos días me han preguntado mucho a qué vine a chile, por qué fui para allá o acá y la sentencia póstuma y patriótica del que se siente tan cómodo y bien instalado, que se siente que pertenece a este lugar, que tiene su nicho y su poder y su espacio y su institución que lo protege y que le da de comer, beber y lo cuida de todos los posibles ataques.

artaud viaja en este libro a méxico o viaja a méxico para escribir este libro, no tiene demasiada importancia saber el detalle exacto. busca el rechazo a lo europeo, pero se encuentra en las calles con la actitud anti-mexicana. defiende el teatro como experiencia efímera, vacía, momentánea, en que las formas no estarán jamás escritas como en un libro o pedazo de papel. dice en este libro que anduvo toda su vida (y en este viaje a méxico) en una necesidad de quemar las formas para ganar urgentemente la vida. fue a méxico, en parte, a “… aprender a mantenerse erguido en el movimiento incesante de formas que se destruyen sucesivamente”.

conclusión 1: ahora estoy en estado de felicidad, en este cuchitril propio, ya que gracias a este viaje pude terminar mi novela: EME / A

y “eme” de muchas cosas, y “a”, de muchas más.

2 comentarios:

Rodrigo Cajas D. dijo...

Artaud era un expectador gozoso de la destrucción de las formas.


Imagino que es como ser expectador del derrumbe sistématico y deliverado de un edificio, casi a sabiendas de que la forma, más temprano que tarde, adquiere una nueva forma.

Me pregunto cuántos millones deseamos lo mismo.

claudia apablaza dijo...

seguro que muchos lo desean, millones, pero de esos, hay muchos que esperan que se les caiga el edificio al lado para celebrar en grupo, pero no hacen intentos solitarios de tirarlo abajo.
ca