miércoles, 31 de diciembre de 2008

alguien me puede decir

más allá de bolaño, más allá de sensini, más allá de que es referente en mil sitios que seguramente se entrelazarán con otros sitios (como los políticos o esas especies de alianzas derechistas que hoy hacen algunos escritores para resaltar desde la gran institución), más allá de que sea un desplazado del boom... más allá de todo, no entiendo qué es lo enorme y grande que tiene zama. y porqué en cada sitio que visito, en cada reseña chilena que leo, en cada crítica, conversación y baile aparece mencionado di benedetto y zama... di benedetto y zama...


es decir, desde hace dos mes, en cada conversación de pasillo o galería, desde méxico a barcelona, la legua y pichilemu. rancagua, arica, la serena y coquimbo: zama... zama, zama, zama, zama... es decir, tuve que imaginar que me lo compraba, que lo encontraba en una feria del libro, que lo leía, que me quedaba dormida leyéndolo, que me lo comía, me lo tragaba, incluso; que lo leía más de cien veces, que lo plagiaba, porque es, realmente es la mejor novela escondida, la tremenda... la única, la gran.

(entiendo, d, todo eso extenso de la distancia y la espera)

es decir, que no te creo que no lo has leído, que no puede ser, que por favor, que basta, que ve a hacerlo ahora, que no pierdas un minuto. que no te vuelvo a hablar...
es decir, levanté todo el polvo que pude en las librerías de viejo en el df. le pregunté a cien libreros, viajé a marrakesh porque me dijeron que allí había unos doscientos ejemplares guardados en una bodega (al parecer de herralde y de echavarne). hasta que recorrí todo. todo marruecos sin cubrirme la cabeza. menara incluido, y tuve que volver sin zama, sin zama, sin un maldito zama de bodega mítica de herralde y echavarne...
hasta que apareció, después de otros diez días de búsqueda desesperada. la edición de círculo de lectores del 74`. una edición blanca, tapa dura, para los fetichistas. una caja. una feria dominguera. un barrio típico mexicano.
y llegué a chile y comencé a leerlo y seguí y seguí, hasta que sentí las lágrimas que caían de mis ojos, y me puse a llorar de forma compulsiva y lloré una semana en cada café y con todos los que vi. lloré del mal chiste en que había caído encima, del mal chiste que me habían contado ... y le pedí perdón a saer, a mecedonio, a onetti y les volví a pedir perdón. luego le encendí una vela a saer (I LOVE YOU), mil velitas rojas y verdes y amarillas y doradas, y le envié flores a su tumba, hasta que me perdonó y me dormí y soñé con saer cien noches seguidas, con sus cuentos, y dormí siete días y siete noches con glosa en la mano.


pd o es decir: para delimitar, prefiero leer la desesperación de bernhard o la de walser, narrada lejos, muy lejos, de esa grandiosa y enorme y detestable tercera persona tan bien educada que me saca llantos y lágrimas.

2 comentarios:

Pablo Rumel Espinoza dijo...

Fuera de las ironías, Zama es una novela que despega de manera infructuosa... detestable a veces, pero llegando a las páginas finales todo se desfigura, todo se vuelve fatalmente monstruoso o desesperanzador..

Quizás tendrías que leer a Arturo Alejandro, un amigo que escribe ciencia ficción y se sabe mejor explayar en estos temas.

Saludos.-

claudia apablaza dijo...

volveré a leerlo... y (aparte) no sé porqué te escondiste en la presentación de diario...
abrazo
ca