martes, 22 de julio de 2008

leve



jamás había leído a tanizaki. alguien había mascullado que lo hiciera. decían: el elogio de la sombra. no digo alguien, digo: 1, 2, 3. diría, todo muy notable, hasta que reluce lo sombrío, aquello tan, y alude a los colores de la piel. ser japonés, para tanizaki, es en parte tener un blanco superior. porque occidente los ha invadido tanto, dice entre dientes, y su color es tan especial, que deberán sufrir y sufrir por esos particulares claroscuros. "...la blancura del hombre blanco es una blancura traslúcida, evidente y trivial, mientras que aquélla (la de los japoneses), es una blancura en cierto modo separada del ser humano". (¿?) ok, gracias.


sí que molesta leer esas, sus declaraciones durante estos días que todo parece luz, sombra, amor. y yo no elogio esa, su sombra en la piel. sí las opacidades de las habitaciones a las que alude, las de un salón, de un baño de madera, incluso la de una webcam, digo, la mía, hoy tan sagrada.
ahora,
que la tierra te sea leve, de ricardo sumalavia (lima, 1968), su primera novela, sí que revela ese brutal silencio y claroscuros de los que nos habla tanizaki. ese querer "...ampliar el alero de ese edificio llamado literatura, oscurecer sus paredes, hundir en la sombra lo que resulta demasiado visible y despojar su interior de cualquier adorno superfluo". digo sumalavia o la capacidad de enseñar con una sutileza desinteresada, con la generosidad de un maestro zen, a hacer y deshacer la memoria en el mismo gesto (por tanto a ver su imposible fin e inicio). digo sumalavia o enseñar a través de voces, recuerdos y el cruce de infinitas historias, más allá de esas dos que se dice: un escritor que busca a su hermano literario y otro hombre que busca a su hermano, el enano féfer; diría la historia de la gran casa, metáfora del cuerpo y su registro, de la mente y sus huellas, de la literatura y la vida.

que los recuerdos de todas sus voces de infancia y adultez se fundan entre sí, a la vez que se hacen uno; y que el caos entregue la unidad de todos esos fragmentos e historias que se alojaron en la gran casa. en esa, la suya, y en otra parte muy lejana, entre barcelona y santiago, se refleja una luz diferente, que es la mía. e insisto, todo mi mundo ahora, en ese reflejo de sombras, en mis iniciales (c), en las de él (m), en sus libros y cigarros. mi diario. digamos la nuestra.

3 comentarios:

Marisa Peña dijo...

"¡Que la tierra le sea leve!" En uno de mis cuentos de La memoria herida, termino con esa frase...
No sabía de la existencia de este libro pero parece una buena propuesta para el largo verano que nos amenaza...Gracias por la recomendación y las bellas palabras que la acompañan. Un abrazo

Dr. Chapatín dijo...

"Mientras así soñaba, se me ocurrió pensar que ver unos colores tan vívidos debía de ser prueba de una grave neurastenia. Pero seguí soñando, y vi dos pares de pies, de piel exquisitamente blanca, que parecían flotar bajo el agua"

claudia apablaza dijo...

gracias, marisa. muy recomendable que la tierra te sea leve.
ahora, chapatín, no me quedó claro si es que habías visitado lima, es decir, ¿me decías que conocías ya la literatura de sumalavia?:)